A propósito del Día Mundial contra el Cáncer, conversamos con la cirujana plástica Diana Giraldo, quien lidera una campaña de educación y sensibilización para prevenir el cáncer de piel en trabajadores del campo. La especialista habló sobre esta iniciativa y cómo ha convertido la cirugía plástica en su forma de arte.
¿Cómo nació esta iniciativa?
Desde Clinaltec, en el Departamento de Investigación y Docencia, y como cirujana plástica oncóloga, hemos lanzado varias campañas. Creemos firmemente que la educación es la mejor forma de prevención. Por eso estamos comprometidos en enseñar a la población sobre las enfermedades, su prevención y el diagnóstico precoz. Hace unos meses creamos la comunidad “Oncology Fighters”, formada por oncólogos de diversas especialidades, donde educamos a médicos, pacientes, familiares y a la comunidad en general. En nuestra última reunión, 400 médicos generales aprendieron sobre diagnóstico precoz de cáncer. Actualmente estamos enfocados en el cáncer de piel, el más prevenible, después de haber realizado una campaña sobre el cáncer de seno, que, aunque no es prevenible, puede curarse con diagnóstico temprano.
¿Por qué esta jornada se enfoca en los trabajadores del campo?
Los trabajadores del campo no son los únicos que constantemente están al aire libre, pero en las zonas rurales el acceso a la información y a campañas como estas es más difícil. En este tipo de espacios les enseñamos qué es el cáncer de piel y cómo cuidarse. Abordamos temas que pueden parecer comunes, como el uso de bloqueador solar: aunque parezca increíble, esta población no tiene acceso a esa información. En mi consulta, la patología que más trato como cirujana plástica oncóloga es el cáncer de piel, donde aproximadamente el 80 % de mis pacientes son trabajadores del campo que llegan con tumores muy avanzados, que si se diagnostican pronto se tratan con cirugías muy sencillas ambulatorias, sin incapacidades, y eso es lo que estamos buscando con esta jornada: enseñarle a esta población a prevenir.
¿Qué ha descubierto o qué ha desmitificado sobre la piel en esta labor?
La gente no sabe lo fácil que es prevenir el cáncer de piel y está llena de mitos sobre este tema, pero es algo a lo que hay que poner atención. Por ejemplo, algo que me preocupa como cirujana plástica es que en las redes sociales está surgiendo un fenómeno negativo contra el uso de bloqueador solar, impulsado por personas que, en su afán de ganar seguidores y llamar la atención, están generando polémica. Estas personas, que incluso son médicos influyentes, están liderando campañas en contra del bloqueador y promoviendo la exposición directa al Sol. Pero sus mensajes van en contra de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y de las sociedades científicas de dermatología y oncología.
¿Por qué decidió ser cirujana plástica?
Crecí con padres dedicados al arte. Sin embargo, mi papá también trabajaba en clínicas, por lo que él quería que fuera médica, aunque quería ser artista. El arte estaba en mi sangre. Mientras estuve en el colegio hice cursos de bellas artes, aprendí a pintar, a esculpir, entre otras cosas. Al final decidí estudiar medicina porque me cautivó y siempre tuve claro que quería convertirme en cirujana plástica. Esa fue la forma en la que logré combinar mis dos pasiones: la medicina y el arte.
¿Y aún hay lugar para el arte, o la cirugía ocupa todo su tiempo?
Veo la cirugía plástica como un arte. Me encanta la parte estética cuando esculpo cuerpos. Por ejemplo, la cirugía de senos me apasiona, la hago tanto de forma estética como oncológica. En mi experiencia he reconstruido a muchas mujeres con cáncer de seno a las que les han hecho una mastectomía, por lo que tengo la experiencia para reconstruir senos después de la extracción de los implantes. Eso, además de ser un reto, es una forma de arte. De hecho, es la única en la que me desempeño actualmente, ya que no me da el tiempo para dedicarme a otra cosa. Pero sí sueño con verme jubilada en mi casa, con mi estudio de pintura, donde pueda hacer eso que tanto me apasionaba y que me desvelaba.
¿Hay algún caso que la haya asombrado o marcado? ¿O, por el contrario, cree que al ser su oficio diario ha perdido la capacidad de asombro?
Recientemente tuve un caso que me marcó mucho, pero no pude impactar positivamente en esa vida. Fue una paciente que solo pude ver en una consulta. Ella, desafortunadamente, fue maltratada desde el principio, ya que fue operada por un tumor, pero la trataron como si fuera benigno, no le hicieron un diagnóstico adecuado y la cirugía fue mal hecha. No la operó un cirujano oncólogo, sino un cirujano general, y terminaron causando siembras tumorales. Ella me decía que confiaba en los médicos y el tratamiento. El tumor aún era operable y, aunque estaba recibiendo quimioterapia, reduciéndose el tumor, había posibilidades de realizar una cirugía reconstructiva significativa y aspirar a la cura. Pero, desafortunadamente, ella estaba inmunosuprimida y deprimida, por lo que desarrolló una neumonía. La llevaron de urgencias a otra institución y, mientras nosotros estábamos a punto de realizar la junta médica para proceder, la señora falleció. Nos dio mucha tristeza, porque había posibilidad de salvarla y porque es devastador cuando le quitan al paciente esa primera oportunidad de tratamiento.
¿Cómo maneja la frustración en esos casos donde ya no queda nada que hacer o las cosas salen mal?
Contrario a lo que se cree, no todos los médicos tenemos esa capacidad de lidiar con la enfermedad y la muerte. No la tengo y para mí es un tema muy difícil. Por eso me he especializado en seguridad del paciente y calidad. Creo que el día que pierda a un paciente, ya sea en cirugía estética o reconstructiva, será un momento muy duro, aunque hasta ahora no me ha sucedido. Hago todo lo posible para prevenirlo: soy la única cirujana plástica especialista en seguridad del paciente en Colombia y conferencista en congresos de esta área. La seguridad del paciente no solo consiste en saber lo que uno hace, sino en trabajar en equipo desde que el paciente llega hasta su alta final. La salud es un área compleja y todo puede salir mal.
¿Qué pasa por su cabeza antes de entrar a una sala de cirugía? ¿Tiene alguna especie de ritual?
Para mí la cirugía es como mi “hobby”. En el quirófano me desconecto: no contesto celulares, pongo música que me relaje y opero siempre con el mismo equipo quirúrgico. No me gusta operar con personas sin experiencia en lo que estamos haciendo; nuestro equipo está muy bien entrenado. El ritual más importante es la lista de chequeo y la parada de seguridad. En ella revisamos cada paso necesario para la cirugía, asegurándonos de no omitir nada para minimizar riesgos. Este ritual lo realiza todo el equipo: el médico general, el cirujano, el anestesiólogo, la auxiliar y la instrumentadora.
¿Qué ha cambiado en usted desde que decidió hacer lo que hace?
Algo que tengo claro es que mi trabajo ha cambiado mucho mi perspectiva. Antes, me enfocaba en problemas pequeños, como peleas o cosas cotidianas, pero ahora trato con personas que están pasando por momentos oscuros, cerca de la muerte. Ellos me dan lecciones de vida: sonríen, agradecen, me traen frutas, regalos, me abrazan, y a pesar de estar enfrentando situaciones tan difíciles y económicas, mantienen una actitud optimista. Me he dado cuenta de que, estando en una buena situación de salud, a veces me quejo por cosas insignificantes. Mi trabajo en oncología me ha permitido ver la vida desde una nueva óptica.
Por Samuel Sosa Velandia:
Comunicador social y periodista de la Universidad Externado de Colombia. Apasionado por las historias entrelazadas con la cultura, los movimientos sociales y artísticos contemporáneos y la diversidad sexual. Además, bailarín de danza folclórica en formación.
Fuente: https://www.elespectador.com/el-magazin-cultural/no-todos-los-medicos-podemos-lidiar-con-la-enfermedad-y-la-muerte-diana-giraldo-cirujana-plastica-noticias-hoy/